Carrillon Universidad Lovaina Cultura Flandes Bélgica © Andreas Dill

Desde las dulces campanas polifónicas de principios del Renacimiento hasta el sonido electrónico del New Beat de los 80: el rico catálogo de la música belga no anda escaso de éxitos internacionales. Sin embargo, el sonido más genuino de Flandes, que queda recogido entre los muros de sus ciudades, es el producido por el carillón, un instrumento musical único que consiste en un grupo de campanas de bronce secuenciadas dispuestas en la torre o el campanario de una iglesia. El carillón ha sido una banda sonora vibrante para la vida e historia de Flandes durante más de 500 años. En la actualidad, el toque de las históricas campanas de la cultura del carillón en Bélgica está más que justificado; están a punto de tomar su legítimo lugar en la lista del patrimonio cultural intangible de la UNESCO.

Un referente único

Baile carrillon cultura Flandes Bélgica

Desde tiempos inmemoriales, el papel del carillón ha sido el de un coro griego, preparado para expresar los ritmos sociales, religiosos y cívicos de la ciudad. A través de conciertos o recitales especiales puntuales, su estridente pero discreta presencia no solo sirvió para marcar algún momento u ocasión específico sino también crear un ambiente singular para que todo el mundo (al alcance del oído) compartiera y disfrutara. En efecto, el instrumento siempre ha sido a la vez un medio y una medida de la comunidad a la que pertenece. Haciéndose eco, trastocando, embelleciendo o conmemorando los temas locales y temas de conversación, el carillón es un pilar fundamental de la identidad urbana. Y debido a que su música caleidoscópica pertenece al pueblo, ¡su ejecución es completamente gratis!

Tocar el carillón, el más pesado de todos los instrumentos (algunos pesan más de 20 toneladas), requiere una gran coordinación y habilidad. El carillonero utiliza puños y pies para producir una melodía en el "teclado" del carillón, una serie de palancas y pedales conectados físicamente al interior de los badajos de las campanas fijas. Los movimientos del músico son solo un poco más elaborados que los del típico pianista, pero los resultados amplificados son poco menos que épicos, produciendo vibraciones que requieren una atención inmediata. Las nuevas generaciones de músicos siguen acudiendo a la escuela de carillón de renombre mundial en Malinas para dominar este arte antiguo, que ha mantenido la antigua tradición muy viva. En ausencia del carillonero local, las campanas se tocan por medio de un mecanismo automático. En su día estos enormes tambores giratorios (como rollos de piano de gran tamaño) eran maravillas de la ingeniería moderna, sobre todo a finales de los años 1600 y 1700, cuando el carillón vivió su edad de oro.

Campanas Cultura Flandes Bélgica
Carrillon Malinas Flandes Bélgica Cultura © Henk Bekker (https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/)

Después de eso vinieron periodos de censura severa y destrucción sin sentido (dos guerras mundiales), pero ni en aquel tiempo las campanas dejaron de sonar. En numerosas ciudades flamencas como Amberes, Lovaina o Brujas, la gente del pueblo y los visitantes aún se reúnen en las plazas de los mercados para escuchar el carillón en concierto, transmitiendo sus buenas vibraciones y moviendo el alma. Tanto entonces como ahora, el instrumento destacaba en portadas musicales, expertamente adaptadas o modificadas para adaptarse a su profunda y resonante voz. Esta inclinación por la música popular se ajusta a la antigua función del carillón como un referente común y completamente democrático: alertar al público sobre las últimas tendencias y las modas ya que es, tal vez, el único instrumento musical que existe que se toque literalmente para la multitud.

Sigue adelante carillón

Esto no quiere decir que nada haya cambiado. En el siglo pasado el instrumento reunió a un gran número de seguidores en América del Norte, donde se convirtió en el poderoso símbolo de un espíritu compartido e indomable, un vínculo palpable a un pasado fascinante. En este siglo, fiel a su estilo y a las últimas tendencias, el carillonero tiene una cuenta de Twitter e invita regularmente a la multitud a enviar comentarios o peticiones. Las personas también pueden escuchar el carillón mezclarse con otros estilos, desde las orquestas sinfónicas hasta los DJs, o ver cómo se desarrolla la acción a través de las proyecciones en pantallas gigantes y en directo. Hay incluso un carillón móvil que viaja por el país para contar sus historias en los municipios que echan de menos tener un carillón en la torre. Las torres que han resistido la prueba del tiempo, sin embargo, están abiertas a los visitantes que estén dispuestos a mirar dentro del vientre de la bestia. Pero atención: aquellos que sufran vértigo podrían encontrar la experiencia un poco abrumadora.

Carrillon Malinas Cultura Flandes Bélgica
Carrillon Universidad Lovaina Cultura Flandes Bélgica © Andreas Dill
Siguiendo adelante, el carillón flamenco, o Beiaard, es una institución instrumental que continúa explorando la delgada línea entre la innovación y la tradición. Mientras se abrazan experimentos y fusiones, el gremio de carilloneros también protege el legado cultural de su instrumento para asegurarse de que no confundan o perjudiquen su autoridad original y su función para capturar y reflejar la vida cotidiana y los sueños de su diversa audiencia, por lo que dan voz y alivio al paisaje sociocultural que se encuentra a su alcance. ¿El estado de la cultura del carillón flamenco?, te preguntarás. Suena como una campana.


Para obtener más información sobre los carillones flamencos y los conciertos de carillón, echa un vistazo a: 
www.beiaard.org
www.carillon.org
www.beiaard.be

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