Muestra de que Flandes estaba muy presente en la sociedad española del S.
XVII son los dichos que se dedicaban a estas tierras, y que Cervantes recogió en su célebre novela: «Juro en mi ánima que ella es una chapada moza y que puede pasar por los bancos de Flandes». El sentido de la expresión podría hacer alusión a la valentía de la mujer (en referencia a los bajíos que se acercaban a las costas flamencas), a su riqueza (las casas de crédito flamencas eran acreedoras de la corona española), o a su condición de casadera (las camas se hacían con pino de Flandes, variedad habitual en los bosques de Castilla). En otro momento, D. Quijote habla sobre Clavileño, «que parecía figura de un tapiz flamenco». Las tapicerías flamencas de la época eran bien conocidas por su multitud de detalles, entre los que había figuras burlescas.
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