Encaje de bolillos, Cultura Flandes Bélgica, VisitFlanders ©Miche Vaerewyck

En Flandes, el encaje no es solo un oficio, sino una parte del patrimonio cultural de la región. Las raíces del encaje flamenco se remontan hasta el siglo XV. Y estas raíces siguen siendo fuertes ya que, en la actualidad, los diseñadores contemporáneos siguen adquiriendo popularidad con creaciones magníficas.

La historia del encaje

Making of a flower in lace - Kantcentrum Bruges
El comercio del encaje afloró durante la primera etapa del Renacimiento. El emperador Carlos V decretó que el hacer encaje debía ser una destreza obligatoria para las chicas de los conventos y los beaterios de Flandes. El encaje pasó a formar parte de la moda en cuellos y puños para ambos sexos. El comercio alcanzó su pico en el siglo XVIII. Las elaboradoras de encajes eran tradicionalmente mujeres. Cientos de artesanas siguen trabajando en Brujas y Bruselas, los centros del encaje de bolillos, creando intrincadas labores a mano y a menudo utilizando más de 100 hilos por bobina. El encaje belga se compra hoy principalmente como recuerdo, pero a pesar del aumento del encaje fabricado mecánicamente en otros países, la calidad permanece aquí tan excelente como durante el Renacimiento.

El encaje en los museos

Encaje de bolillos, Cultura Flandes Bélgica, VisitFlanders ©Michel Vaerewijck
El encaje también tiene su sitio en los museos. Situado cerca de la Grand Place, el Musee du Costume et de la Dentelle (Museo del Traje y el Encaje) tiene una colección permanente de encaje de primera calidad. Expuesta bajo una iluminación tenue y extendida sin peligro en cajones, esta bella colección contiene piezas fabricadas con el huso y con agujas, no solo de Bruselas sino también de Francia e Italia. Los trajes burgueses para los que el encaje fue fabricado también se pueden ver en exposiciones temáticas.
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