Los amables asistentes nos recibieron muy cálidamente y nos informaron con detalle acerca de la utilidad de la silla de de ruedas con "ruedas grandes" (una silla de ruedas de playa). Como niños felices con un helado, fuimos rodando hasta la orilla, cada uno con una silla. No hay nada más delicioso que pasear por la orilla, saborear ese característico sabor salado del mar en los labios y sentir que el viento te despeina suavemente. El alojamiento es tan agradable como para pensar que el año que viene volveremos, preferiblemente para dar un largo paseo. ¡Sol, mar y despreocupación es una iniciativa maravillosa!”.